De la paz como concepto, a lo pacífico como acontecimiento vital: construyendo nuevos símbolos de convivencia y seguridad ciudadana
14 Septiembre 2009
Debemos renunciar no solo a la resolución violenta de los conflictos a través de las armas, porque con ellas hemos creado exclusión, miedo, individualismo; debemos excluir del diario común las imágenes de la guerra en la familia, los medios, los juegos (que sufren una invasión de lo bélico y violento), en los procesos educativos y en general en la vida cotidiana. También debemos renunciar a esa consecuencia inevitable de la violencia que invita a armar nuestros corazones de resentimiento, rencor y venganza. Es necesario que como compromiso trabajemos en la construcción de un escenario colectivo de convivencia y un imaginario de esperanza y por ello, los aportes entregados por los ponentes de este encuentro Latinoamericano por el Desarme, expresan simbólicamente una iniciativa por la construcción ya no de unos conceptos sobre la paz, sino de la paz como acontecimiento personal y comunitario.
La violencia como fenómeno cultural, no puede provocarnos un enamoramiento del dolor y el sufrimiento, lo expresa el estribillo de la canción, como queja a nuestra pasividad social: “Es más fácil sentarse y llorar3, que coger el arado y sembrar”. La construcción de la paz, como acontecimiento solo es posible con la acción participativa del ciudadano que cree en la cultura de la convivencia. Hemos hablado mucho de cultura y cabria decir como expresa Arboleda Mora: “La cultura se puede comprender como el conjunto de sentidos que dan orientación a la vida de todo un pueblo.” 4 Ello, nos invita a rechazar las manifestaciones negativas de la cultura “delirios de violencia” y proponer la experiencia corresponsable de manifestaciones por la vida, por la alegría por lo pacifico como acontecimiento y no solo por la paz como ese concepto vacio de estabilidad, en donde conflictos y sufrimiento no existen y que nos sacan del mundo real.
“El derecho a vivir libres del temor a la violencia”, a la que nos invitan los bolivianos en su constitución, permite a tejer planes y políticas públicas combinadas entre la administración pública y la organización ciudadana-comunitaria de cultura de la convivencia. La manifestación social de violencia es un producto elaborado que estamos trasmitiendo a nuestros niños y jóvenes hay que parar esa dinámica cíclica de desencuentro con la vida. Y sobre todo evitar el señalamiento social y la relación inadecuada de hambre y pobreza, igual a violencia, pues estamos acostumbrados a clasificar la guerra y el conflicto violento como resultado de las comunidades humildes.
Por ello, y sin negar la existencia de otros detonantes de la violencia cultural engendrada en el ethos cultural de nuestra nación, no podemos limitar a la falta de garantías socio-económicas de los ciudadanos, las raíces de la violencia. Desempleo, falta de educación, brecha social son retos a vencer desde los actores económicos y las políticas sociales, pero catalogarlos como el único punto de partida de la violencia.
El discurso o concepto sobre la paz ya no se representa solo en una paloma o el rostro dulce del niño, pues esa estética de la paz, deja un vacío personal, un sin sabor de perfección y estabilidad que nunca encontraremos en la realidad y que será imposible representar. La paz de la que necesitamos hablar hoy es un acontecimiento que se representa en el compromiso ciudadano por la legalidad y la convivencia, una paz cotidiana, una paz que acontece que necesita acciones desde todos y todas, por ello las expresiones artísticas, las manifestaciones estéticas, literarias y lúdicas fundamentadas en un proceso formativo integral, multicultural y para solucionar problemas es un buen punto de partida.
Esta experiencia de lo pacifico no solo es una idea de seguridad coercitiva5, en donde la idea de protección desvanece la experiencia de la libertad a falta de un compromiso ciudadano, sino que por el contrario nos convierte a todos en actores protagónicos de un no a la indiferencia, a la violencia y a las armas.
Como, creando: Políticas públicas de desarme de los que no son fuerza pública Políticas públicas de control de tráfico de armas Control y aumento de los requisitos para porte y tenencia Confianza entre el ciudadano y la fuerza pública Pero sobre todo:Un ciudadano convencido de ser constructores de esperanza: acogiendo los procesos de reconstrucción social y resolución de conflictos, no violencia, perdón y reconciliación, justicia restaurativa y cultura de la convivencia ciudadana, es decir: necesitamos un ciudadano con acceso a la formación.
Expresa Mejía Velásquez y Palacio Monsalve: “a pesar de la rápida y positiva evolución que ha tenido la ciudad en los últimos años, ésta no puede atribuírsele a ningún “milagro”, pues en realidad, ha sido un proceso resultante de una inteligencia plural o colectiva”. Esta afirmación da fundamento al esfuerzo propuesto por la Alcaldía de Medellín y Secretaria de Medellín. Visualizamos un compromiso en la construcción e implementación de una política que responda a las realidades actuales de seguridad y convivencia. En el programa “Medellín más segura, juntos si podemos” como administración del poder, este gobierno municipal se suma a la tarea de proteger la integridad y el respeto a la vida. Y como fundamento ratifica que la seguridad de los ciudadanos no se limita solo al cumplimiento de los derechos constitucionales, sino también al disfrute de la vida, porque el común denominador de los ciudadanos de Medellín, desde nuestras diferencias, socio-culturales y políticas está en que compartimos un mismo lugar de encuentro, nuestra ciudad, una misma dignidad ser humanos.
Debemos abandonar la idea de que ciudadanos y administración pública representan a dos protagonistas del cambio cultural cada uno por su lado, y aceptar el llamado a trabajar un sistema generados de cambio socio-cultural, que genera procesos construidos desde adentro de las realidades de la comunidad y posibilita la construcción en conjunto, venciendo los obstáculos que siempre estarán presentes para mejorar.
Recordando a Gabriel García Márquez en por un país al alcance de los niños podemos decir: “Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación, desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aprovecha al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”.
Esta es hoy nuestra misión como ciudadanos construir los caminos para que la vida adquiera sentido, adquiera esperanza y el rostro desolador de la violencia engendrada por la conciencia del odio, el rencor y la indiferencia no se conviertan en la única arma para solucionar nuestras diferencias.
